REFERXIONES

Hermana muerte...

 

http://feralon.blogspot.es/img/Nomb.jpg  y 9

 

Siguiendo el estilo de vida que llevó siempre, acogió la enfermedad y la muerte con una enorme paz y fe.

Para él, como gran creyente, el paso a la muerte no era más que un paso, como otro, en el camino definitivo y alegre con el padre de los padres: DIOS.

Y Francisco, antes de que llegara la muerte real, la muerte física, ya la acogió, alegre, en su propia vida. Esto le supuso aceptar y acoger todas las manifestaciones de la muerte como son, por ejemplo, las limitaciones personales, los achaques, la ignorancia, la fragilidad corporal, las enfermedades todas…

 

Los escritos de la época señalan que…

 

Francisco se vio molestado por tantas y tan graves enfermedades, que apenas había un solo miembro en su cuerpo  en el cual no sintiese agudos dolores.

Llegó, a encontrarse, a fuerza de tan repetidas dolencias, en tal estado que, consumidas ya las carnes, sólo le quedaba la piel de sus huesos.

Y no obstante ser casi insoportables los dolores del cuerpo, no les daba nombre de penas ni los consideraba como sufrimientos, sino que más bien los llamaba hermanos, soportándolos con paciencia y hasta alegría, dando gracias a Dios por ellos.

    (S.Buenaventura)

 

En 1226 llega al fin del camino. Pidió que lo llevaran cerca de su pueblo, para morir en paz. Tenía 45 años.

 

ASI ERA FRANCISCO, ASI VIVIO Y ASI MURIO. UN AUTENTICO EJEMPLO DE HOMBRE FRATERNO, HERMANO DE TODOS Y DE TODO. Sin distinciones ni clasificaciones de ningún tipo. Su fe en el Dios de Jesús le llevó irremediablemente al encuentro fraterno y cercano con sus hermanos los hombres, en especial con los más necesitados.

 

     CUANDO SENTIA CERCANA LA MUERTE, REPETIA:

 

                                       “Es tal el bien que espero que en todas las penas me deleito”.

 

Para él la vida y la muerte eran dos aspectos de la misma cosa, como el dolor y la alegría, la luz y las tinieblas, el frío y el calor. Lo real estaba como cortado por la mitad, eran extremos que se tocaban y  por lo tanto, algo natural.

 

Al no poder andar apenas, cabalgaba en un asno que su buen amigo-hermano Fray León le preparaba. En sus últimos momentos se refugiaba en la compañía de una de las mujeres más fuertes que había conocido, la hermana Clara. En San Damián, ambos eran felices meditando sobre los temas más trascendentes.

 

Llegó un momento en el que ya se sintió débil, los médicos lo rodeaban como un asedio.

 

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Y por la hermana muerte: ¡LOADO SEA MI SEÑOR!

 

“Ningún viviente escapa de su persecución”

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