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Lo que nos hace "grandes"

Escrito por feralon 11-02-2013 en General. Comentarios (0)

 

Se dice que es la sencillez, lo que relamente nos hace notables y grandes.

 

Una vez sabemos en que lugar estamos, lo pequeños y humildes que somos dentro del TODO, que es solo entonces cuando nos descubrimos como parte natural.

 

 

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A "eso"...que un dia fue.

Escrito por feralon 11-02-2013 en General. Comentarios (0)

 

 

 

  http://feralon.blogspot.es/img/noo.jpg es cuestión ahora de citar nombres.

 

Para los que no me conocen, da lo mismo y los que si saben de mi, perfectamete sabrán a quien me refiero.

 

               A "eso"...que un dia fue.

 

http://feralon.blogspot.es/img/1ajamas.jpg pues eso..

 

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Lo primero, es antes. Jaen y 3ª

Escrito por feralon 09-02-2013 en General. Comentarios (0)

 

MARTES 05/02/2013.

 

Me levanté algo temprano, había que aprovechar bien el tiempo. Desayuné  con Pedro como hacía tiempo, para luego revisar en su archivos películas que incluir en mi tablet de cara al viaje de regreso; por cierto que uno de los filmes que añadió era “Cowboy de medianoche”, película que me sigue gustando enormemente, una de mis preferidas. Nos quedaba una mañana para dedicar al único lugar y monumento que pedí a Pedro que me enseñara: La Catedral. La Iglesia de la Asunción, de la Virgen de Jaén, es de estilo principalmente renacentista, concebida en el siglo XVI tal y como se observa en la actualidad. Se ubica en la Plaza de Santa María, frente al Ayuntamiento de Jaén y el Obispado. En su interior se custodia, entre otras obras de arte y objetos religiosos, la reliquia del Santo Rostro o "La Verónica", alojada en la capilla mayor, y que se expone ante el público todos los viernes. En esto no hubo suerte...

Sinceramente la impresión que me traigo de la visita a la Catedral no puede ser mejor; debo explicar que con ayuda de Pedro y su conocimiento de la misma, así como el añadido de la audio guía, recorrimos los lugares más importantes del templo de  forma bastante amplia e informativa. Me gustó mucho, sobre todo la parte del coro y me llamó la atención la cantidad de balcones internos que tenia. Luego subimos precisamente a los pasillos laterales que permitan ver desde los citados (acristalados también)  balcones todo el interior del templo.

 

http://feralon.blogspot.es/img/1adjaen.jpg 

Quisiera detenerme ahora, precisamente en la visita a la Catedral. Soy alguien a quien los símbolos le van, me parecen ejemplos de sentimientos y vivencias. Visitar este templo fue un símbolo más para mi,  viendo cada pilar, cada columna, cada cuadro y figura, cada lienzo, entendiendo lo grande y notable de una estructura con tanta belleza, tan solida, tan rotunda y tajante, que entre sus muros de piedra e historia, vi las bases de nuestra amistad. Templos así ya no se hacen, amistad como la nuestra  que tampoco es habitual.

Aun nos dio tiempo de poder ir hasta la capilla, el camarín,  donde se expone el paso de “EL ABUELO”, ya que nadie puede irse de la ciudad sin apreciar la talla, antaño en la Catedral, que forma parte espiritual de los jaeneros.

Cuenta la leyenda que un misterioso anciano pidió alojamiento en un cortijo a las afueras de Jaén. En la puerta de la casa, reposaba el tronco cortado de un árbol y el visitante comentó a los dueños que de ahí podría salir una buena talla. Así que se encerró en una de las habitaciones y durante horas se le escuchó como trabajaba la madera hasta que, al día siguiente, todo quedó en silencio. Como el anciano no salía de su habitación los agricultores que vivían en el caserío decidieron entrar.

 

http://feralon.blogspot.es/img/1aejaen.jpg 

 

El hombre ya no estaba, nadie lo había visto u oído salir. Y en el centro del habitáculo, junto a restos de virutas y trozos de madera, se erigía la talla de un Jesús Nazareno. Con más o menos añadidos, esta es la historia de la talla donde se conoce la figura como El Abuelo, quizá en recuerdo de aquel artista desconocido que la talló y luego... desapareció.

 

Y con más o menos matices,  así se cuenta aún hoy a los niños cuando cada Viernes Santo, Jaén se echa a la calle desde la madrugada para ver la procesión de El Abuelo. Sin duda, más allá de su significado religioso, es una de las señas de identidad de esta ciudad.

 

Con poco tiempo, aun pude coger alguna botellita de aceite de la tierra que es formidable y rápidamente a casa, en donde una paella nos esperaba con el tiempo justo para unas fotos y de nuevo... al tren.

 

Al verme de nuevo en la estación, para regresar a casa, me percaté de lo mucho que duelen las despedidas. Allí deje a Pedro y Ana que tan amablemente me habían atendido ese día tan afables y amistosos. Un encanto de familia, sin duda.

Últimamente, estos meses atrás,  hubo demasiados momentos en los que he tenido que despedirme de alguien, o de algo y ciertamente “pesan” esos instantes donde el apretón de manos, el abrazo, el beso, la caricia, el adiós... cortan como un cuchillo que no mata pero arañan de cuajo un jirón de piel.

De nuevo el paisaje atravesándome desde el cristal, mientras escuchaba música que cual banda sonora acompañaba las imágenes que desaparecían, dejando atrás olivos, peñascos, caminos y en algún momento (ya manchego) ese tipo de terreno en el que solo un arbolillo vive en él, muchas veces de espacio seco.

Luego Madrid, un rato por la Gran Vía y el retorno.

“Cierro los ojos, y como el resto, me dispongo a dormir hasta llegar al mismo destino del que partí”.  Ríos Ferrer.

 

Era lícito hacer este viaje, lo primero es lo primero... es antes.

         Gracias Pedro y familia.

                                                           Fer.

 

Mi ben amigo, en su blog Mi amigo Mestinón, colocó tambien su propia visión de la visita.   Pichar aqui ....

 

http://miasteniaforever.blogspot.com.es/2013/02/y-fer-conocio-mestinon.html

 

 

Lo primero, es antes. Jaen 2ª

Escrito por feralon 09-02-2013 en General. Comentarios (0)

 

LUNES 04/02/2013.

 

La estación de autobuses estaba plagada de viajeros, quien lo diría a una hora como las dos de la madrugada. Me quedé dormido totalmente, algo que no me cuesta nada con el movimiento, pues estoy entrenado de tantos años subiendo por ese mismo medio cuando trabajaba. El vehículo parecía moderno y cómodo, así que me dispuse a situarme lo mejor posible, una vez la espalda acoplada al asiento, el abrigo por encima, sencillamente como ya comenté me uní a las sombras del sueño; era como una especie de auto transportación sumida en la nada, pero que permite acortar el periodo viajero,  sobre todo porque la noche no deja ver paisajes, así que da lo mismo. Ir en bus de noche no tiene magia alguna; otro tema sería el siguiente  “acto”: el tren atravesando paisajes nuevos a mis ojos.

 

Nada especial el bus, llegué sin problemas, salvo que el cuello debió encontrar su posición natural, cierto disloque surgió en la noche, cabeceando (seguro) junto al cristal que no dejaba ver otra cosa que no fuera la citada oscuridad.

Llegado a la capital, el café se hizo fundamental. “No hay mucho tiempo -pensé-, debo ir directo a la estación de Atocha, donde antaño Tony (Leblanc) timaba con la”estampita”.  El metro ha cambiado bastante, parece más limpio; un joven, guitarra en mano, toca una pieza que no distingo. La ciudad está plagada de gente corriendo como despavorida hacia un no se sabe bien qué lugar.

El tiempo que faltaba hasta coger el tren me permitió dar un paseo mañanero por la ciudad, llegando hasta cerca del edificio de las Cortes, literalmente sellado por la policial nacional, dada la situación actual del Congreso, tan lleno de mentiras últimamente. Curioso: policía para salvaguardar a los mentirosos. Desde no muy lejos observo “la casa del pueblo” y me imagino justo enfrente una guillotina afilada, pongamos que de origen francés, ejecutando a listillos que se apoderan del dinero, bienestar y buen juicio del pueblo.

Al tiempo...

Ya tiene Madrid su amanecer de lunes y yo, billete en mano para ir a la tierra de los olivos, ciudad que visité hace años (en 1980) también para ver a Pedro, ambos recién salidos de aquella mili que nos “arrejuntó”.

El tren llegó de Chamartín con algo de retraso, unos minutos solamente. Subí  y me percaté que no tenía ventanilla en mi número de asiento. No admitiendo tal desdicha, como el vagón no estaba  lleno, me coloqué en otro lugar que libremente permitía otear, observar y mirar. Ahora sí, estaba ya preparado para que la ventanilla del tren se convirtiera en una pantalla de variados paisajes; quería disfrutar del recorrido y también... pensar, pues seguramente hay mucho que repasar anímicamente, ahora que uno se alejaba del cotidiano paisaje humano, para adentrarse en el otro,  pintado de amistad sin fisuras.

El tren, ya dije, sin casi viajeros, como era de esperar, ya que nos son fechas especialmente importantes para que haya mucho movimiento. A medio camino el viaje se hacía más interesante en su paisaje; es a partir de la población de Vilches (ya provincia de Jaén)  donde se vuelve agreste y la zona del Parque natural de Despeñaperros ya  se dejaba notar visualmente.

Recuerdo que una vez leí algo muy acorde con este momento:

DESDE UNA VENTANILLA DE TREN. “Nunca pensé que el vaivén del tren fuera también el de mi mente abocando a la cuneta del recuerdo mis vivencias apenas sobrevividas y ahora alojadas como experiencias que incidieron en mi personalidad.

Mis ojos se acostumbran a mirar las imágenes del paisaje sin verlas. Como a las escenas de mi vida sin verme a mí como protagonista. Languideciendo impotentemente cuando me rebelo a serlo en alguna de ellas que el tiempo ha marcado con la huella indeleble de las equivocaciones. Lugares, hechos y personas que no reconozco como propios. Sólo cuando el recuerdo es agradable e intenso, sonrío.

El destino me permitió vencer en algunas, pero la derrota fue implacable en la mayoría sin ser yo consciente de ello. Hoy me pregunto adonde me habrían llevado las secuencias alteradas de mis decisiones si hubiera sopesado las consecuencias de mis acciones.

 

Quizá ni siquiera estaría viajando en éste tren. Quizá mi destino fuera otro. O quizá ni siquiera tuviera ya destino.”    Ríos Ferrer (“EL JUICIO DE DIOS”)

 

Cada nueva estación que me distancia más de mi propio escenario, realza y adorna la decisión de acometer el encuentro.

Se atraviesan Aranjuez, Villacañas, Quero, Valdepeñas, Linares, Baeza, Mengibar... Jaén.

Línea 66 de media distancia. Queda poco para llegar, me encanta el momento, no sé cual es el motivo pero tengo cierta seguridad en lo que hago. Me siento como alguien que un día  opta por el paseo y sale del entorno de la ciudad, encontrando un camino estrecho que ni siquiera sabes a dónde conduce, casi una cañada, y con las manos en los bolsillos andas sin más motivación que la de recorrer una distancia que te acerca o que te aleja de tu propia  realidad.

Recuerdo ahora a un buen amigo mío, en una mañana tomando café en la oficina, algo “añicado” como gusta de expresar, entre sorbos de cafeína  miraba por la ventana oteando un horizonte, que no por tópico, le mostraba el deseo del viaje. Me comentó:

“¿Sabes Fer? ...ahora mismo me cogería una mochila con lo más básico, lo necesario, y me largaría a donde fuese...da lo mismo”.

 

En el fondo, aunque mi silencio dejó expresar su deseo y no le dije nada con el fin de no estropear su “sueño” momentáneo,  por mi, hubiera hecho exactamente lo mismo, pues ya no era tanto el andar por andar, viajar por viajar, era la sola idea de escaparse un poco del escenario.

Miro por la ventanilla y me doy cuenta que ahora si puedo disfrutar de algo parecido, ahora desde un tren en el que me siento cómodo de verdad aprendo con lo que observo. No ando, pero sí... huyo un poco.

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Y llegué por fin  a Jaén, la ciudad que nombran como: «Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Jaén, Guarda y Defendimiento de los Reynos de Castilla». Según leí cuenta con casi 120.000 habitantes.

 

Se alza al pie del cerro de Santa Catalina, calles empinadas y pronunciadas pendientes que definen su urbanismo, ensanchándose hacia las zonas más llanas y amplias de los nuevos barrios y bulevares. En sus alrededores abundan fértiles tierras de cultivo, extensos olivares que cubren gran parte de su término. Hacia el sur y el sureste se encuentran las sierras de Jaén y Jabalcuz, y al norte se abre el llano del río Guadalbullón, que pasa a muy corta distancia de la ciudad.

Sinceramente me pareció  de entrada una ciudad muy bonita y en la que resulta fácil vivir. Ya sé que una jornada no daba para mucho, pero eso es algo que se percibe rápidamente.


Pero lo que verdaderamente importaba del viaje, la parte más humana y amigable del mismo, llegaba ahora, pasado ya el mediodía. Desde mi ventanilla, frenando en la estación jaenera, vi su imponente presencia.

 

Pedro estaba algo serio, seguramente preocupado por mi cansancio que en realidad no lo era tanto, dado el tipo de viaje elegido por mí se intuía, pero no sentí agobio. Y sí, ese momento del encuentro que aun con todos los años transcurridos resultaba intemporal, se dio y, desde luego que apreté fuerte, ya lo creo, pues estimo de veras a este tipo que de vez en cuando me reniega y enseña a partes iguales, siempre para bien.

Por delante, unas cuantas horas en las que afianzar en el corto espacio de tiempo, lo que ya está fijado en la práctica.

Nada más llegar, lógicamente, salude a su esposa, Ana, que es maestra como él  y un encanto de persona y sencillez humana. Gracias a ella no me sentí en casa de unos amigos, más bien en mi propia casa, como en familia. Conocí a Alba, hija de Pedro y Ana, que tantas veces en fotografías denotaba ya su belleza del sur. También horas después a su novio Fran.

Debo decir de manera rotunda que la sensación en todo momento fue básicamente un encuentro familiar, sin que tiempos y distancias hubieran existido en tal grado.

Vimos fotos antiguas, comentamos momentos especiales de nuestra amistad, compartimos instantes que ahora mismo ya son muchos. Por la tarde, paseando por  un hermoso parque junto al Paseo de España, hablamos bastante de nosotros, de cómo nos sentimos en estos momentos. Quise dejarle constancia de que mi viaje no era exclusivo por el tema de su enfermedad, de la que le vi bastante bien, en realidad lo era por la necesidad de verle en persona y precisamente hacer del paseo, un espacio donde comentar y charlar sobre cómo nos encontramos por los adentros.

Es curioso sobre todo y debo sin duda hacer hincapié, en como siendo una amistad la nuestra sustentada en los escritos de toda índole, alguna llamada de teléfono y visitas escasas, nos podamos conocer tanto y tan bien. Claro que son docenas, quizá cientos de escritos en los que plasmamos nuestra manera de ver el mundo que nos rodea, por ello al vernos y escucharnos en directo no parecía que existiera distancia alguna. Es una sensación fantástica.

Recuerdo por la noche, tomando cañas en una zona típica de la población muy parecida por cierto a la zona del Tubo de Zaragoza en donde se regresó al tema de “atacar” al amigo Pedro, sobre el que debería escribir algún libro, pues todos los que lo conocemos es sabido lo muy bien que lo hace. Siempre evade el tema, si bien le encantan lógicamente las palmadas en el hombro, pero es que son sinceros estos deseos y piropos por parte de todos y el ánimo de que escriba es no solo por él, también por quienes puedan leer su obra. Tiene ya escritos por todas partes, reuniendo artículos, poemas sueltos y prosas guardadas, seguro que ya tiene un par de libros que  poder editar. Pero está frenado en ese sentido, así que habrá que seguir atacando más. Ahora, que cerca ya de la forzada jubilación tendrá (lo sé bien...) más tiempo, es sin duda un buen momento para que se lo plantee más seriamente.

Nos fuimos tarde a casa, a descansar. Yo sinceramente no tan mal como podría esperarse de alguien con semejante marcha viajera. Dormí como un lirón esa noche.

                                                                                                                           sigue.../...

 

Lo primero, es antes. Jaen 1ª

Escrito por feralon 08-02-2013 en General. Comentarios (0)

 

“LO PRIMERO, ES ANTES”

Breve, pero intenso viaje.

 

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Días atrás asistí a un coloquio en el Paraninfo de la ciudad, en el que el actor José Sacristán me pareció brillante en sus exposiciones. Entre otras muchas anécdotas, hubo una en la que nombro a su abuela, quien solía decir de cara a tomar decisiones importantes, que había que seguir un orden y que por ello: “Lo primero... es antes”. Cierto, y ahora que tengo más tiempo y cierta libertad de movimientos, visitar a mi amigo era prioritario.

Hace ya mucho que deseaba realizar este viaje. De alguna forma se lo debía a Pedro. Y a mí mismo también. Así que decidí ir a JAEN y darle un apretado abrazo en persona.

Leí recientemente algo que me parece acorde a mi manera de sentir la amistad y mucho más de cara a Pedro.

“La mayor riqueza que un hombre puede poseer, lo más valiosa por encima de todo, es la amistad. Lo que hace mágica la amistad es ese don que tiene para crear esperanza, en medio de la desolación y la capacidad de hacer ver a nuestros amigos sus cualidades y recursos. Los amigos son la luz que día a día iluminan nuestro camino”.  Anónimo.

Cuando se lo comente a mi familia me animaron en la decisión de visitar a mi amigo. Son ya muchos años en los que fuera de conocernos en el ya lejano servicio militar, nos hemos dado tanto en cartas, bien escritas a mano, en maquina olivetti o por correos de ordenador, que era casi un deber al darnos la mano. En aquellos escritos, hemos ido dejando plasmadas nuestras inquietudes, desarrollando en gran media nuestra forma de ver la vida, tanto...como para poder  afirmar que pasados más de treinta años, somos amigos de verdad, sin comillas.

Ahora que yo tengo mucho más opciones dada mi situación, me pareció una fecha adecuada la del 4 y 5 de febrero de este 2013. Un viaje que podríamos llamar exprés, dada la intensidad del mismo a nivel recorrido y estancia. Pero calculado convenientemente, aun teniendo en cuenta el aspecto físico del tema (bus y trenes con su acumulación de horas correspondientes)  daban cuando menos una jornada con su total de veinticuatro horas, una jornada entera para poder estar juntos y hablar en persona de... nosotros como individuos y como amigos.


Pedro es maestro y de los buenos; lo es tanto que me ha enseñado incluso a mí e imagino que los que le siguen, cuando leen las páginas del diario local, también sumaran aciertos literarios y gramaticales. Pedro es alguien que disfruta con su trabajo. Conozco poca gente que sea tan experto en lo suyo y además lo “acaricie” con gusto como parte de su vida cotidiana. Una vez, recuerdo, le mande un poema que lo definía muy bien, un párrafo era éste:

 

“Viviendo entre otras vidas, olvida su propia vida.

Destruyendo las tinieblas de la ignorancia gana su guerra,

su mayor paga son las respuestas de sus alumnos.

Reír con ellos es su mayor goce.”

                              Henry Binerfa

 

DOMINGO 03/02/2013. Preparar un viaje siempre conlleva algo de emoción. Mi mujer me recordaba cosillas: “no te dejes esto ni aquello que aun siendo solo dos días te harán falta, ya lo veras”. Prescindí respecto al medio de viaje del cómodo AVE en beneficio económico, así que bus y tren más asequibles  con el dinero, que debemos mirar un poquito más ahora, serán mis medios para ir a Jaén.  Además...no hay prisas. Salgo de madrugada.

Me llevé la “tablet” que mis compañeros me regalaron hace poco por mi prejubilación, en ella he metido música, fotos y alguna película para acompañarme en el viaje. También me cogí una pequeña libreta en la que quería escribir cosillas durante el recorrido. Como digo, salí de noche y temprano en el bus a  Madrid. Al alba del lunes, vislumbré la capital, en la que por cierto nos conocimos Pedro yo, allá por el 79. Luego tan solo un par de horas para llegar a Atocha y coger el tren de media distancia.

Recuerdo ahora ese momento en el que coincidimos, pero fue el, Pedro, quien con su particular sorna, una vez relató el encuentro de esta manera:

“Allí estaba Fer. Había vuelto de uno de los innumerables permisos que tenían los “oficinistas” de la compañía. Su gesto era seco, adusto, austero... Su voz transmitía autoridad. Podría haber sido un mando de la compañía. No me cayó nada bien en un principio. ¡Qué había hecho aquella persona para tener una vida mejor que la de los pobres reclutas que llegamos días atrás! Le recuerdo saliendo de lo que llamábamos el “tele-club”, una habitación que apestaba a tabaco y en la que unos sórdidos butacones rasgados dejaban descansar nuestros asustados cuerpos mientras hacíamos como que veíamos la televisión.

Se acercaba despacio, majestuoso, como en un pedestal móvil o un paso de la semana santa. Quizá me saludó. Quizá no.

Pasaron los días y un inexplicable giro del destino aunado con un bucle de la providencia hizo que nuestras voces, nuestras miradas, nuestras manos, se unieran de nuevo. He perdido los detalles del encuentro en el largo camino del calendario pero la imagen siguiente me devuelve a un Fermín humanizado pero no descendido de su estrado. 

Hasta grapadoras me arrojó en alguna ocasión cuando, presa de la desesperación, intentaba hacerme volver al redil de las reglas marcadas...

Fermín era la norma, la ruta prefijada, el guión estudiado. Y todo eso, en aquel universo de autoridad sin respiro, de obediencia sin pausa, no dejaba de tener su encanto. Juntos cogimos en volandas al Brigada Centeno y reorganizamos la oficina de la tercera compañía del batallón de Carros. Cuando él se marchó, el traspaso de poderes fue sencillo y emotivo, cariñoso y eterno. Tanto que hoy, a punto de cumplirse algo más de tres décadas de aquel momento, el lazo sigue firme, la amistad ha florecido y sus raíces han penetrado tan profundamente que ni él ni yo podríamos extirparlas de nuestra alma. Siempre hubo un guiño a la complicidad, una mirada comprensiva, una mano tendida, una sonrisa solidaria, una búsqueda común.

Terminado el encuentro militar, nuestra vida se “adocenó” disfrazada de sobre normalizado. Uno enseñábamos las cosas del saber, el otro catequizaba almas ingenuas y las preparaba en el  camino. Uno tendía la mano a los cuerpos jóvenes para que saltaran los obstáculos de la ignorancia. El otro aportaba su brazo a sus almas que quizá buscaban algo en el escalón siguiente al del mundo cotidiano y miraban hacia un creador en busca de respuestas.

Uno y otro, al fin, miramos al progreso y lo fuimos encontrando en las pupilas de alumnos y estudiantes, de aspirantes a vestirse de futuro con nuestra ayuda.

Fermín se vistió de persona y yo, acaso me disfracé de maestro. (¿No es un disfraz anteponer el conocimiento ajeno a la propia ignorancia?) Y las grapadoras que una vez nos buscaron en el éter espeso de una oficina militar se transformaron en papeles, cartas, emails, en los que la vida fue transcurriendo sin descanso.

El oficinista del principio se transformó en la íntima sombra de la conciencia; el adusto soldado en amigo del alma, en luz que acompaña; el “mando” en compañero…

¡Cuántas confesiones, emociones, lágrimas, compartimos¡  Pedro A. López  (Adaptado)

En fin, ya dije que lo narró de manera peculiar, pero debo decir que bastante certera. 

Veamos, lo primero que apunté en la libreta donde anotaba mis sensaciones del viaje, fue algo ambiguo, lo reconozco, sencillamente que no podía dormir antes de dirigirme a la estación.  Para matar el rato, repase lo que me llevaba y también releí un poco el librillo que compré sobre la ciudad Jienense.

 

                                           http://feralon.blogspot.es/img/1bjaen.jpg

 

Decido despedirme de los míos y largarme sin ruido, casi parece que huyo. 

                                                                   Ahora que lo pienso, posiblemente huya.

 

                                                                                                                                  sigue.../...