REFERXIONES

La reflexion. lleva al acierto.

Textos. fotos. dibujos. vivencias. viajes. sentimientos. reflexiones varias…en LETRA*VISION

Tres pensamientos.

Escrito por feralon 30-01-2013 en General. Comentarios (0)

 

 

Grises, en blanco y negro... pensamientos certeros de grandes hombres...

 

 

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Es la unica opción...

Escrito por feralon 27-01-2013 en General. Comentarios (0)

 

 

REFERXION y POEMA.....

 

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P A S E O   V I T A L

Mis pasos,

Me llevan ajados hasta metas plateadas,

Van heridos, duelen sangre,

Visten planta agrietada.

Busco al andar un aviso que indique

Si acertado es mi ritmo,

Una señal que aún lejana,

Confirme una certera llegada.

Y al andar,

Los recuerdos me acompañan,

Salvando escollos, saltando trabas,

Como quien encuentra sentido,

Cuando atrás lanza miradas.

Mis pasos persiguen

-contradictorios- una vida,

Seguramente... la mía.

 

Fer.  09/11/2007

¿Rota ó dividida?

Escrito por feralon 24-01-2013 en General. Comentarios (0)

 

 Un amigo me ha enviado un pps., en el cual van incluidas un buen montón de fotos realmente buenas. De todas ellas, hubo una que me ha llamado la atención, pues me sugiere sensaciones encontradas.

 

 

 

 

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La copa de cristal, parece rota, pero en realidad solo esta dividida y aún  con todo, se sujeta (no se sabe si por arte de magia) el liquido del dios Baco. Su fondo gris, realza mucho mas la imagen.

 

No se,  por otro lado denota esperanza, a mi así me lo parece, es como si aún hubiera una posibilidad de arreglo, ante la irrealidad que muestra.

 

Ojala ésta reflexión sea cierta y en otros campos se pudiera dar la misma manera de apañar el entorno, tan parecido ahora.

 

Los que me conocen, saben a que me refiero.


Fer.

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Dar nuestra mano.

Escrito por feralon 21-01-2013 en General. Comentarios (0)

 

     AYUDAR...

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Seguramente no hay nada mas gratificante que tender la mano a quien lo necesita, incluso aunque no lo haya pedido. El solo acto de ayudar tiene por si mismo una belleza peculiar, pues se nos conecta a lo humano, algunas veces de manera anónima.

 

Muchas veces nos hablan de personas que se hallan ante problemas que puedan ser incluso ya vividos por nosotros, padecidos alguna vez y no nos inmutamos. Si tenemos algo que aportar, ¿por qué no ayudar si ya pasamos por aquello?

 

El que uno tiene enfrente pueda tener un momento de enfermedad, una crisis personal, un tiempo complicado, un día gélido en su interior.

 

Pues si uno quiere ser útil, hay tenemos una buena oportunidad de poder serlo. Ofrecer ayuda y consejo a quien lo necesite es importante. Aun que no puedas aportar soluciones concretas, pero el solo hecho de escuchar puede reconfortar a la persona.

 

Quizás la ocasión se presente de manera inmediata, en la calle, con los mas cercanos, con los que te rodean siempre o amigos recientes, personas que se extravían en el devenir diario.

 

Ayudar no nos cuesta nada y como una vez leí, se recibe a cambio el regalo mas preciado que pueda obtener un ser humano: una sonrisa.

 

          Doy fe de esto último.

 

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El arbol del cuartel.

Escrito por feralon 20-01-2013 en General. Comentarios (0)

 

       Tiempo atrás escribía en un blog amigo, en el que se relataban curiosidades del servicio militar. “Tiempos de mili en Wad Ras”, que así se llamaba, contenía historias relacionadas con aquel mundo verdi-caqui, realmente documentadas. A mí me dio por escribir cosillas sueltas, algún cuentecillo también, como este que ahora coloco. Es un tanto ecológico. Espero que os guste.

 

Por cierto, no es del todo inventado.

 

 

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"El árbol de Wad Ras"

 

Corría 1.952. El soldado VICTOR CAMPOS a sus diecinueve años, era ya “residente” del cuartel. El Capitán Escolar le había encargado un trabajo poco habitual y estaba decidido a desempeñarlo. En el pueblo era agricultor y aquello de plantar árboles

 

Ante si, siete raíces de troncos pequeños. Las órdenes, claras: colocarlos en la entrada, frente al cuerpo de guardia. VICTOR contempló aquella pequeña franja de tierra y se dio cuenta de que, con el tiempo, los siete árboles se estorbarían en su crecimiento. Pensó que serían demasiadas copas visualmente hablando. Decidió plantar solo seis y se llevó el séptimo.

 

Llegando a su compañía, la tercera de carros, oyó la voz del Capitán:

 

-¡Soldado! ¿Has colocado todos los…? Llevas uno en las manos… ¿y eso?

-Mi Capitán, de colocar todos, llegará un día que no quedará bien tanto árbol en la entrada, son demasiadas raíces y...

-Bien, puede que tengas razón; pon el tronco que llevas aquí mismo.

-Pero Señor…aquí es un lugar…raro, además cuándo salgan los soldados por la puerta pueden llevarse el tronco…

-He dicho…que lo pongas aquí mismo, frente a la puerta. Algún día dará sombra.

-Pero mi Capitán.

-¡¡¡Aquí…he dicho”””. Ah, y te hago encargado de que al tronco no le pase nada y crezca como debe.

-¡A la orden…mi Capitán”.

 

Víctor era un soldado obediente y plantó el tronco. Si, allí mismo, a unos cuatro metros de la entrada principal de Carros. Con su cantimplora metálica y una vez por semana, regaba el arbolillo. Lo rodeó con unas piedras grandes, delimitando un espacio propio.

 

Vigilante del tronco, Víctor llegó al final de su servicio militar. El día que marchó, vestido ya de “normal” se quedó mirando al arbolillo, no sin antes decirle a su buen amigo el furry que por favor, cada lunes lo regase un poco.

 

Dejaba mucho de si mismo el soldado en ese sitio inverosímil para plantar un árbol. Lo del hijo, lo tenia en mente con la novia del pueblo, lo de escribir un libro…ni se lo planteaba. Plantar árboles, por el contrario, si que era algo muy suyo.

 

Diez años después, el arbolillo resultó estar más alto y frondoso que sus hermanos, la media docena de la entrada. El árbol se conservó y creció sin que nadie lo maltratara, quizá por temor al castigo subsiguiente. Corrían los años sesenta y algún subteniente tomó el árbol, ya de “buen ver” como apoyo de espera, como lugar para encenderse un pitillo o, incluso, como escenario de alguna bronca al oficinista a quien no le cuadraban las cuentas.

 

En los setenta, el árbol servía como fondo para que los soldados salientes se hicieran fotos de recuerdo, con el fondo de la U de carros como queriendo dar algo de belleza al paisaje.

 

A veces servia como referencia para formar,”ahí…junto al árbol” o como baliza que señalizaba la espera de un soldado previa visita de una añorada novia.

 

Dicen que allá por 1975, un Coronel, uniformado como un pincel y con cigarrillo en los labios, se acercó al árbol; contaban que se quitó el guante blanco de su mano derecha y tocó el tronco suavemente. Era Escolar, el que lo había mandado plantar…

 

1.979. Un soldado destinado en la oficina de la tercera, observa impertérrito el lento discurrir del tiempo, bajo ese compendio de ramas, hojas e incluso lágrimas. Está vestido de “romano” listo para salir. Aguarda, apoyado en el tronco de nuestro árbol, a su amigo el maestro para marchar de paseo…

 

-Curioso éste árbol, ¿verdad? ¿Qué pintará aquí?

-Ni idea tío, pero aporta algo de sombra ¿no? Bueno, al menos da un toque “verde” al entorno.

-Ja!!!…..¡¡¡Mas verde aún!!!

-Por cierto, ayer vi como el perro del Capitán Goytisolo se meaba en su tronco.

-Ese perro, siempre tan arisco…

 

El calendario seguía inexorable su marcha. En las fiestas de la Patrona, 1.984, un soldado desfila sobre el adoquinado patio del Wad Ras. Lleva el Guión del Batallón de Carros. Sabe que es la última vez que eso sucede. Es “el último” porta-estandarte.

 

Momentos antes del desfile intentó tranquilizar su mente mirando a la copa del arbolillo wadrrero. El bamboleo de sus hojas parecía aportar cierta serenidad a la despedida; paz que invitaba al chaval a llevar con orgullo y soltura el símbolo y emblema carrista.

 

2.019. La ciudad de Madrid es totalmente distinta; la zona de Campamento perdió aquellos cuarteles que le dieron nombre. Apenas algunos edificios permanecen como símbolo aislado de algo ya totalmente perdido.

 

Tres son los chavales que ahora mismo juegan en la zona junto a una de los bloques que sobreviven de aquel Wad Ras que ya pocos recuerdan. Ahora es una biblioteca dentro de un "centro cívico". La zona, reconvertida en plaza, dispone de bancos que destacan sobre las baldosas que sustituyeron a los recios adoquines de antaño.

 

Los niños, juegan junto al árbol. Sigue erguido y frondoso. Uno de ellos persigue con malas intenciones a un grupo de hormigas junto a una de las raíces que sobresalen.

 

El otro chaval, quizá enfadado, golpea con una piedra el tronco, haciendo saltar un trozo de corteza. El tercero mira y observa. En un momento dado les dice a sus compañeros:

 

-Tíos, ahí, en el banco aquel…hay un abuelo que nos mira.

 

Cierto, un anciano les hace señas con la mano haciendo ademán de que dejen de golpear al árbol.

 

El chulito del trío se le acerca:

 

-¿De qué va abuelo? ¿Qué quiere? ¿Le importa tanto un árbol?

 

El anciano se levanta, ayudado por su bastón y mete la mano en el bolsillo de su chaqueta.

 

-¡¡¡Cuidado tíos, que el viejo saca la pistola!!!

 

El abuelo saca un botellín de agua pequeño, de apenas cuarto de litro, de esos que le dan en la residencia donde ¿vive?, allí cerca. Con paso lento se dirige al árbol y en su base derrama el agua de la botella de plástico. Uno de los niños, de esos chavales a los que todo se les ha dado en demasía, menos educación, dijo:

 

-Vamos, dejemos al viejo loco éste que siga regando el árbol.

-Si, está”zumbao” el hombre, ¿igual se piensa que con tan poca agua riega el árbol?

 

Dos de los críos se largaron y el tercero, el que observaba, se quedó parado mirándolo.

 

-Chico -dijo el anciano- ¿quieres hacerme el favor de tirar la botellita de plástico a lo del reciclaje?

-Si señor. Me llamo Julio ¿y usted?

-VICTOR CAMPOS y ten por seguro, díselo a tus amigos, que el agua, por poca que sea…hará su papel.

 

El niño marchó y el anciano, un poco después.

 

No volvió VICTOR por allí. Quizá el tiempo se le terminó, como el agua del botellín.

 

Un par de días mas tarde, un brote en la parte mas frondosa de la copa nació y de esa forma el árbol de Wad Ras, tan mal colocado como siempre, seguía erguido, rotundo, enorme, verde y frondoso, marcando, eso si, su propio paso.

 

    Fermín Alonso. http://feralon.blogspot.es/img/camo.jpg